El frío y el miedo (Revista Magnolia)


Hay pocas sensaciones tan temibles como el frío. El frío activa cada uno de los depresores físicos y creativos en un ejercicio de sinestesia involuntaria y desapacible. El frío se vuelve gelatinoso y áspero. El frío aprieta los dientes, es blanco y azul, es seco y amargo, es entumecido y sordo.

El frío se convierte en miedo.

El invierno de 1987 no fue especialmente frío en Minneapolis, fue como todos los inviernos de las Twin Cities: espantoso. Horas y días y semanas de nieve. Lee mi columna en Revista Magnolia