Lo que no se puede cortar (Revista Magnolia)


Hay un lugar especial en el mundo. Está delante de nuestros ojos cada vez que abrimos los párpados. Cada día de nuestra vida pasamos delante de él; a veces lo cruzamos y a veces lo atravesamos sin prestarle atención. Es el lugar de la cizalladura. El espacio donde, durante un mero instante, cohabitan los contrarios.

En 1962, Roman Polanski nos enseñó su primer lugar especial en una carrera que iba a llenar cinco décadas de lugares especiales. Era el lago Niegocin, en el este de Polonia y el cineasta nos enseñó tantos espacios de cizalladura que apenas cabrían en esta frase: el propio lago es una masa de agua en medio de la tierra, de igual manera que el barco donde viajan Andrzej, Krystyna y el joven autoestopista... Lee mi columna en Revista Magnolia