Claudi Aguiló: “La asignatura pendiente de Barcelona es la pacificación de la ciudad”


(Entrevista realizada para Fàbrica Futur Barcelona)

Claudi Aguiló Aran (Barcelona, 1972) es arquitecto por la ETSAV y forma junto al ingeniero industrial Albert Domingo Ollé la bicéfala imagen visible del estudio dataAE. En los catorce años que llevan en funcionamiento, han investigado sobre el espacio y la construcción desde una perspectiva firme y rigurosa. Fueron seleccionados para la Bienal de Arquitectura Española de 2009 y formaron parte de la exposición Matèria Sensible, que en 2012 reunió a los diez jóvenes arquitectos catalanes más interesantes del momento. Varias de sus obras, como la Residència d’estudiants a l’ETSAV o la Casa entre mitgeres de Sant Feliú, han sido multipremiadas y publicadas en las principales revistas de diseño y arquitectura del país.

¿Qué es Barcelona?
Barcelona es, sobre todo, mi ciudad. La ciudad donde he crecido, donde vivo y donde trabajo.

Desde el XIX, Barcelona siempre se ha considerado una ciudad de operaciones urbanas y edificios singulares. ¿Cómo debe ser la Barcelona del XXI?

No creemos que el interés de Barcelona esté en alguno de sus edificios, a pesar de que haya buena arquitectura. En comparación con otras ciudades europeas, Barcelona no es una ciudad que se caracterice por la forma de sus monumentos sino por la calidad de su tejido, de su forma urbana. Sí… definitivamente Barcelona le debe casi todo al Pla Cerdà y también creemos que la ciudad ganó urbanidad con la recuperación del frente marítimo en 1992. Respecto a la situación actual, imaginamos que de alguna manera la crisis inmobiliaria ha afectado al modelo de hacer ciudad a través de edificios singulares. Me preocupa que este modelo posmoderno solo esté incubado esperando la disponibilidad del capital suficiente. Creemos que es necesario un cambio de modelo. De alguna manera la crisis está obligando a operar de diferente manera, ya no sirven las plusvalías de antes... este cambio forzado de proceso hay que aprovecharlo para encontrar nuevos modelos de transformación más sostenibles. Transformar sin crecer. A nosotros nos interesa la transformación de lo existente trabajando por superposición y no por sustitución. Pensamos que hay que dejar de hiperprogramar la ciudad, los edificios y el espacio público. El espacio público está asfixiado por su excesiva comercialización y programación. Hay que dejar el espacio más tranquilo. Hay que entender la ciudad más como un sistema dinámico, como algo vivo que requiere tiempo y proceso... espacios más neutros que puedan ser amablemente apropiables, incorporar a la gente en el modelo, espacios que puedan cambiar con el tiempo, que evolucionen... evitar algunos modelos del último siglo, sobre todo de los noventa, donde la mayoría de operaciones nacen muertas por un exceso de forma y de programa.

Tras la apertura al mar de 1992, ¿existen aún necesidades urbanas o urbanísticas en Barcelona?

Recientemente formamos equipo con otros once amigos arquitectos, e intentamos explicarlo en el concurso para la “Plaça de les Glòries Catalanes”. Creemos que la asignatura pendiente de Barcelona es la pacificación de la ciudad. Hay que invertir radicalmente las prioridades: naturalizar las calles, peatonalizar, favorecer el uso de la bicicleta, reducir el tránsito rodado y mejorar muchísimo el transporte colectivo en superficie. En relación con la actividad económica pensamos que hay que conseguir ser una ciudad más productiva, y seguro que lo conseguiremos fomentando la creatividad. Sin riesgo no hay cambio y sin cambio no hay evolución. Pero hay que entender que no todo puede hacerse desde el ámbito público; ya no es sostenible. Para conseguir el nivel de transformación necesario hay que favorecer la autogestión. Ese es, precisamente, el eje conceptual de nuestra propuesta para el concurso de “Les 16 Portes de Barcelona”. La transformación compartida es algo que cuesta imaginar, posiblemente porque en esta ciudad no estamos acostumbrados a ello. Los de Barcelona estamos demasiados sobreprotegidos por “lo público”.

En la Residència d’estudiants a l’ETSAV trabajasteis con junta seca y construcción modular. ¿Crees que la crisis de la construcción ha permitido fijarse en otras técnicas constructivas más eficaces o más adecuadas para el tiempo que vivimos?

No creemos que haya un sistema constructivo mejor que otro. Cada proceso tiene unas condiciones iniciales y con base en estos requerimientos, seleccionamos la tecnología más adecuada en cada proyecto. Tanto en la residencia de la ETSAV como en el pabellón itinerante de Info-Bici trabajamos con sistemsa modulares, construidos en taller y ensamblados en obra. Por supuesto que estos sistemas constructivos permiten una construcción más eficaz y optimizada, sobre todo en términos de residuos en relación con su construcción y a la vida útil del edificio. Son construcciones fáciles de desmontar y, por lo tanto, transportables y reprogramables en otro espacio y con otra función. Pero no todo puede construirse así, se necesitan, por ejemplo, sistemas más amoldables para situaciones complejas, donde la lógica esté en el contexto y no en el objeto. Creemos que las respuestas de futuro tienen que ser múltiples y adaptables a cada situación. Nunca dogmáticas ni autorreferenciadas. Creemos que la arquitectura necesita incorporar más información, debe “ambientalizarse”, ser capaz de integrarse, adaptarse mejor a su entorno, compartir e intercambiar con el entorno, a un nivel mucho más complejo, materia, energía e información. La arquitectura necesita recuperar la memoria premoderna, como cuando los recursos no se creían ilimitados y el comportamiento pasivo de los edificios, así como la gestión de recursos, formaban parte del proceso de diseño. No sabemos crear con la complejidad que lo hace la naturaleza, somos los únicos en el planeta que producimos fuera de los ciclos naturales, los únicos que no aprovechamos nuestros residuos.

En varias de vuestras obras habéis planteado soluciones ecológicas. ¿Hay un camino para la "arquitectura verde” en una ciudad de un millón y medio de habitantes como Barcelona?

Nos interesa la renaturalización de la arquitectura y de la ciudad. En todos los proyectos de paisaje que hemos colaborado existe este equilibrio entre lo mineral y lo vegetal, construimos siempre lo mínimamente imprescindible y damos máximo espacio a lo vegetal, o sea, a lo vivo. Esta es la mejor manera de entender nuestro reciente proyecto para la urbanización del Antic recinte de l’Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en Barcelona. También hemos introducido la vegetación en algunos proyectos recientes de arquitectura de los que somos coautores. La renaturalización del entorno construido es ideal por muchas razones: es cambio, es filtro, es color, es humedad, es fruto y es sombra; pero también fija el CO2, ayuda a la biodiversidad y reduce el efecto de isla de calor. Es imprescindible que la Barcelona se renaturalize: incorporar más arbolado, fomentar los patios colectivos verdes de gestión comunitaria, favorecer los jardines privados, facilitar que haya balcones en los edificios para que se llenen de flores y, sobre todo, promover áticos; pisos que permitan habitar las cubiertas para que estas se llenen de vida, plantas y flores.

¿Tiene Barcelona una identidad urbana propia?

¿Una identidad barcelonesa? No lo sabemos… lo que sí que parece es que no pesan tanto las singularidades, sino que ahora es posible proceder de forma más colectiva, cooperando e intercambiando. Compartiendo más que compitiendo. Nosotros lo hacemos continuamente en el estudio, con otros arquitectos y con equipos pluridisciplinares. Pensamos que esto permite un mejor acercamiento a un pensamiento más sistémico y menos ensimismado.