Vivir en un contenedor (Fàbrica Futur Barcelona)



Los contenedores se suelen asociar a la parte más triste de la pobreza. Al residuo y al desperdicio. A rebuscar en un contenedor para encontrar lo que la sociedad ya no quiere, pero nosotros necesitamos.

Sin embargo, en arquitectura, la palabra “contenedor” se emplea de una manera más neutra. Significa “el objeto que contiene”. Y aún más, significa “la pieza de arquitectura que puede contener cualquier cosa”. Un contenedor arquitectónico es un artefacto cuya forma puede albergar cualquier programa: un museo, una vivienda o incluso una iglesia.

Pero ¿y si utilizáramos un verdadero contenedor para hacer verdadera arquitectura?

¿Sabían que los contenedores marítimos llevan ya más de una década empleándose en la construcción? No, no nos referimos a casetas de obra o instalaciones temporales, sino a auténticos edificios. A bares, tiendas e incluso viviendas.

Y tiene sentido, porque el contenedor marítimo es autoportante, modular, agregable y apilable; y su tamaño permite casi infinitas combinaciones para adecuarse al nuevo uso. Y lo que es mejor, al no necesitar estructura, poco más que una pequeña cimentación, su empleo reduce el coste de construcción de manera dramática. Una vivienda de 100 m2 construida por métodos tradicionales tiene un presupuesto de unos 100.000 €. La misma vivienda realizada con contenedores marítimos reciclados apenas sobrepasaría los 40.000 €.

Y si creen que una pieza de acero reutilizada no es acogedora, les invitamos a que visiten los proyectos de CG Architectes, de Sculp(It) o de James and Mau.

Y si aun así no están convencidos, piensen que la arquitectura reciclada y modular no solo abarata el coste y acelera los tiempos de construcción; es que además es una de las salidas más sensatas que aún tienen las ciudades. ¿Sabían que las antiguas viviendas de pescadores del puerto de Barcelona se construyeron teniendo en cuenta los materiales y las técnicas navales? ¿Por qué no reciclarlo todo? ¿Por qué no reciclar la inteligencia del pasado y proyectarla al futuro de la ciudad, y aún más, de la arquitectura?

Mírenlo así: el contenedor marítimo es arquitectura. Porque es, efectivamente, el epítome del contenedor arquitectónico. Porque sirve para todo lo imaginable. Porque su forma no condiciona nada.

Pero sobre todo porque, tras mil millas de viaje y mil trayectos lleno hasta los topes de objetos, de piezas, de maquinarias, de materias primas o de vaya usted a saber qué; el contenedor, al final, es solo espacio. Y cuando la sociedad ya no quiere ese espacio es cuando nosotros lo usamos, lo cambiamos, lo reformamos, lo acondicionamos y lo hacemos más feliz y lo hacemos mejor.

Porque ese espacio lo necesitamos.

Y lo necesitamos para vivir.