Cuando corremos, conquistamos el mundo (Fàbrica Futur Barcelona)


(Artículo escrito para Fàbrica Futur Barcelona)

Seguro que lo han visto últimamente. Es muy posible que alguno de sus amigas o amigos hayan sucumbido a la nueva moda del running. Quién sabe si son ustedes mismos los que inundan las calles y los muros de las redes sociales con sus logros. Paso a paso. Zancada a zancada.

Pero ¿seguro que es una moda nueva?

Claro que no es nuevo. Antes lo llamábamos hacer jogging, footing o, sencillamente, salir a correr. Y no necesitábamos ni las zapatillas que mejor se adaptaban a nuestra pisada ni un pulsómetro ni un podómetro ni la última app para enseñar a todo el mundo por dónde corríamos. Y disfrutábamos, sí. Pero, a veces, también olvidábamos.

Es lo bueno que tienen las apps de última generación, que nos permiten mirar dónde corremos cuando corremos, y también cuando hemos parado. Nos permiten recordar nuestra conquista.

Porque cuando viajamos en metro apenas entendemos la ciudad: entramos en una boca y salimos por otra, que parece distinta, pero que en realidad es la misma. Y cuando nos movemos en coche, bastante tenemos con prestar atención a los semáforos, a las señales y a ese conductor que se cambia de carril sin poner el intermitente.

Pero cuando corremos, Barcelona es nuestra. Cuando conectamos con nuestras propias zapatillas Santa María del Mar con la estatua de Colón, durante apenas un kilómetro, durante apenas cinco o seis minutos, nuestro cerebro enlaza unas piezas que antes estaban separadas. Y cuando seguimos hacia la Plaza de Catalunya y miramos a las calles y a los árboles: y de allí seguimos hasta la Diagonal y no podemos evitar acompasar nuestra carrera con la Casa Batlló; y al final, con nuestro último esfuerzo, subimos la cuesta y terminamos en L’Illa de Moneo. Entonces, en ese momento, hemos conquistado Barcelona.

En apenas seis o siete kilómetros. En apenas treinta o cuarenta minutos.

Y miramos al móvil y al ordenador, y ellos se encargan de que no nos olvidemos de esos treinta minutos de sudor. Y nos recuerdan que, en el futuro, aún tendremos mucho más mundo que colonizar.

Paso a paso. Zancada a zancada.