El futuro es la hiperrealidad (Fàbrica Futur Barcelona)



Hace más de veinte años nos lo dijo Gilles Deleuze; más de treinta desde que nos lo avisó Jean Baudrillard; casi cincuenta desde que Guy Debord lo adivinó. La realidad no existe. El futuro es de la hiperrealidad.

Y claro, es que su futuro es nuestro presente, pero también nuestro propio futuro. Un futuro donde las cosas no tienen que ser exactamente como son, sino como nosotros queramos que sean. Y no crean que les hablo como un escritor de libros de autoayuda, no. No se trata de que nuestra fuerza interior cambie las cosas; es que la tecnología cambia la percepción.

Uno de los ejemplos más empleados últimamente es el del mapeado 3D. Técnicamente es bastante complejo, pero el concepto es enormemente sencillo de entender: sobre la fachada de un edificio se proyectan las imágenes que se deseen. Lo más interesante es que no son representaciones azarosas, sino que, gracias al mapeado del objeto preexistente, la propia fachada se vuelve juguetona. La imagen del edificio se retuerce, se modifica, cambia y se agita como nunca hubiera pensado que podría hacerse. La ciudad se despereza y sonríe como un ser vivo.

En Barcelona ha habido más de un ejemplo de esta tecnología, como el de La casa Mágica para las fiestas de la Mercè o el de Santa Eulàlia. Como ven, este tipo de intervenciones suelen estar asociadas a eventos urbanos o a actuaciones publicitarias. Sin embargo, la tecnología es importable a cualquier ámbito; solo es necesario que baje su precio.

Pero ¿no eran carísimos los teléfonos móviles hace solo diez años? ¿Quién nos iba a decir que todos tendríamos una cámara digital hace apenas quince años? Pues piensen que la tecnología de mapeado 3D antes o después será asequible para cualquier ciudadano.

Y entonces el límite será la imaginación. Y las barreras de la realidad se disolverán como el humo de un cigarrillo. Nuestras ventanas mirarán a la Bonanova aunque vivamos en la Barceloneta. Por la tarde nos asomaremos al mar aunque estemos estudiando en Irlanda. Y por la noche, nuestra casa múltiple se iluminará con las luces de La Pedrera.

Nuestras paredes serán paisajes y la realidad será la que cada día nos apetezca.