El horizonte contenido (Fàbrica Futur Barcelona)



La ciudad es un lugar donde el horizonte no existe. Piénsenlo. Lo máximo que nos queda es una vista entre fachadas. El punto de fuga escapa como fluye el río entre las paredes de un cañón, pero en cuanto giras levemente la cabeza, la vista se acerca y el horizonte desaparece.

Cuando nos asomamos a la Diagonal o al Passeig de Gràcia podemos alejar la mirada uno, dos, cinco kilómetros; pero siempre encañonada, siempre entre fachadas. Para llegar al horizonte tenemos que subir a Montserrat o al Parc Güell. Y entonces aparece, sí.

Interminable y plano. Inabarcable y plano. El plano entre el cielo y la tierra. El plano entre planos.

El plano horizontal plano.

Sin embargo si miran con los ojos un poco más afilados, quizá puedan descubrir un lugar donde el horizonte se nos muestra a bocajarro. No está en la playa ni en el puerto ni en lo alto de ninguna montaña, sino que flota al pie de Montjuïc, antes de la cuesta de la maratón, antes de escalar hacia el horizonte.

Lo construyó Ludwig Mies van der Rohe en 1928 para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y es, sencillamente, una obra maestra de la arquitectura mundial. No era más que planos de mármol y ónice y vidrio, pero en realidad era el horizonte contenido entre planos.

Cuando se desmanteló en 1930, el aire y el espacio y la luz donde se levantaba quedaron huérfanos de los planos que les convertían en algo más. Que les convertían en horizonte.

Pero quedaron.

El aire y el espacio y la luz quedaron flotando al pie de Montjuïc durante más de cincuenta años. Esperando. Hasta que en 1986, y en el mismo lugar donde se había levantado, el equipo de Ignasi de Solá-Morales colocó la última pieza de la reconstrucción.

Y como en el hacha de Abraham Lincoln, que había cambiado el mango y la hoja pero seguía siendo la misma hacha, el nuevo Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe era el mismo que había sido más de cincuenta años antes. Porque el espacio y el aire y la luz eran los mismos.

Porque habían dejado de flotar en el tiempo para volver a respirar entre los planos de un horizonte contenido.