Cambiando de piel (Fàbrica Futur Barcelona)


(Artículo escrito para #ffbcn | Fàbrica Futur Barcelona)

En el futuro las cosas van a ser muy distintas, seguro. Conduciremos menos y pedalearemos más. En patinetes y en bicicletas, privadas o compartidas o públicas. Nuestras zapatillas nos dirán al momento los kilómetros que llevamos recorridos e incluso las calorías que consumimos. Nuestras gafas recordarán por nosotros aquellos momentos que de verdad queramos conservar (y quizá alguno de los que prefiramos olvidar, pero ¡qué demonios, todo forma parte de nuestra vida!).

Y además, viviremos en casas más pequeñas, pero mejores. Casas múltiples y adaptables. Casas recicladas y reciclables.

Casas serpiente y casas camaleón.

Claro, es lógico. Si podremos controlar nuestros latidos y nuestra respiración, seguro que también podremos controlar nuestra piel. Al menos la de nuestras casas.

Pero no se crean, que el futuro no está tan lejos. De hecho, las pieles cambiantes son tan antiguas como las contraventanas mallorquinas que filtraban –y filtran- la luz cuando el sol del verano golpea sin piedad. Un día que bajen a la playa, fíjense en un edificio que hace esquina junto al Port Vell. Casi toda su fachada está cubierta por paneles correderos de lamas que cambian y que trastocan y que mutan la imagen del edificio. Es la Casa de la Marina y lo construyó José Antonio Coderch en 1951. Hace más de sesenta años.

Pero cuando el futuro se acerca, los ejemplos son incluso más drásticos. Seguro que conocen la Torre Agbar. El gran rascacielos de silueta balística que Jean Nouvel y Fermín Vázquez levantaron en la Diagonal en 2004. Sí, claro, su forma es controvertida y su posible utilidad quizá esté sobredimensionada; pero un día acérquense y miren a su piel.

Sabemos que la torre cambia de color por la noche. Sabemos que nos da las campanadas de Nochevieja. Sabemos que dentro hay un hotel y unas oficinas.

Y también sabemos que parpadea. Que brilla con el sol y que a veces se tapa la cara y el cuerpo con cien mil metros cuadrados de piel mutable y cambiante y camaleónica. Y es que, en el fondo, la Torre Agbar y La Marina son edificios camaleón. Edificios serpiente.

Y no es nada nuevo, pero créannos, en el futuro todas nuestras casas cambiarán de piel.