Olga Felip: “En nuestras ciudades del futuro, habrá un equilibrio entre lo efímero y cambiante, y lo estructural”

La arquitecta gerundense, fundadora del estudio Camps Felip Arquitectura cree que las ciudades del futuro tendrán un espíritu nómada. El sentido de la propiedad que ahora tenemos será completamente distinto. (Entrevista para Fàbrica Futur Barcelona)


Nacida en Gerona en 1980, Olga Felip es una de las figuras emergentes más interesantes de la nueva arquitectura catalana. Arquitecta por la ETSAB en 2005, funda el estudio Camps Felip Arquitectura en 2007. Entre otros reconocimientos, han expuesto en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2012 y fueron elegidos Young Architect of the Year 2013 por la revista Building Design. A lo largo de su trayectoria ha construido desde piezas efímeras hasta edificios de gran escala, como el Museo de la Energía de Ascó o las piscinas en Jesús, Tortosa. Su obra es siempre de profunda delicadeza y cuidado tanto por la articulación espacial como por la materialidad de la misma.

¿Qué es Barcelona?

Si es un hinterland o una ciudad de barrios o pueblos, si es marca o si es puerta del mediterráneo en Europa. Si es una ciudad de paso o eje del mediterráneo. Todo esto puede ser, y no me interesa demasiado.

Lo único que realmente define Barcelona es la gente que vive o está de paso en ella. Y sus historias. Esto es Barcelona.

Vosotros tenéis el estudio en Girona aunque habéis proyectado y construido por toda Cataluña, sin embargo, tú te formaste en Barcelona. ¿Cuál es la influencia de Barcelona en la arquitectura catalana?

Barcelona, con toda su complejidad, como realidad social, política y económica, también la geografía, el clima y la cultura... no solo es influencia, es mucho más que eso. Es el contexto y los tiempos; la gente, los eventos y los sucesos. La vida y el lugar son los que dan sentido y razón de ser a la arquitectura de un lugar concreto y lo que te distingue respecto a la arquitectura de otros lugares.

Tiempo atrás, el foco de influencia y de cohesión de la arquitectura catalana fue la burguesía y la industria. Más tarde, en los años de transición, fue la Escuela de Arquitectura de Barcelona, donde se habían formado la mayor parte de los arquitectos catalanes. En los últimos años han aparecido otras escuelas de arquitectura, también fuera de Barcelona, como Reus o Girona... con enfoques muy distintos. Puede ser interesante ver si eso altera la influencia de Barcelona como foco de pensamiento.

Habéis construido varios edificios singulares. ¿Cuál crees que es la importancia del edificio singular en la cohesión urbana, si la tiene?

La singularidad no es un valor por sí mismo. Como tampoco lo es la indiferenciación. Aun así, puede ser que buscando responder a cuestiones funcionales, a objetivos económicos y de optimización de recursos, a cuestiones sociales, de contexto y entorno, se llegue a un resultado singular. A veces, incluso puede ser que la singularidad resuelva una necesidad del lugar, de identidad por ejemplo. O de cohesión urbana, porque cada entorno y cada situación urbana tiene sus necesidades y sus oportunidades.

La arquitectura hace ciudad y es nuestro telón de fondo.

En la Escuela de Barcelona aprendí que la arquitectura y el urbanismo, incluso el paisaje, van de la mano y no pueden desvincularse. Más allá de si un edificio es singular o no, desde la arquitectura hay que cuidar del entorno inmediato y la cohesión urbana, porque el edificio hace ciudad y la vida y la ciudad dan sentido a la arquitectura.

Por otro lado, también habéis hecho proyectos mínimos, leves intervenciones urbanas. ¿Esto también es arquitectura?

Sí es arquitectura. Si me preguntas por la arquitectura del futuro o de las ciudades del futuro, me imagino una ciudad de espíritu nómada en donde el sentido de propiedad que tenemos hoy será bastante diferente… como nómadas, lo que nos hará sentir como en casa lo llevaremos encima.

También me imagino una ciudad entendida como naturaleza, que más allá de reconciliar y respetar sus sistemas naturales que la atraviesan y la envuelven, tiene que entender y funcionar de acuerdo con sus ciclos y lógicas.

Por último, la ciudad es materia y realidad física; y me imagino que esta condición tomará fuerza para contraponerse a la realidad virtual. Entiendo que el mundo virtual y la vida que hacemos en las redes sociales irá tomando fuerza, y lo que nos mantendrá con los pies en el suelo será todo lo palpable: el tacto y por consiguiente, la materia.

Imagino que en nuestras ciudades del futuro habrá un equilibrio entre lo efímero y cambiante, y lo estructural, con voluntad de permanencia y de mantener la identidad.

¿Has tenido alguna dificultad o algún trato especial en el desarrollo de la profesión por tu condición de mujer?

Es un tema delicado. Aún pensamos que hay una cierta incompatibilidad entre desarrollar una carrera profesional y ser madre, pensamos que hay que escoger; y esa es una de las grandes dificultades, en mi profesión y en el resto. En el futuro, imagino que para la mujer compatibilizar la vida y el entorno familiar y al mismo tiempo desarrollar la profesión con cierta ambición e intensidad, será una cuestión de carácter personal y no una condición de género.

Si hablamos específicamente del mundo de la arquitectura, diría que las limitaciones o las dificultades que uno ha de afrontar ante el desarrollo de un proyecto o de la profesión, son las que uno mismo se pone debido a prejuicios y presunciones. Al final, es una cuestión de actitud y no tanto una cuestión de género.

¿Tiene Barcelona una identidad urbana propia?

Barcelona es una ciudad mediterránea y esta es una cuestión de identidad que se refleja en muchísimos aspectos incluyendo la identidad urbana, su trama, su relación entre espacio público y privado, entre lo urbano y el territorio. Un profesor de historia de la Escuela de Barcelona contaba que los persas vivían en ciudades densas y colmatadas y decían de los griegos: "poco puedes fiarte de quienes en el centro de sus ciudades dejan un espacio vacío". Ese espacio vacío es el ágora, el espacio público común, que no pertenece a nadie. Las ciudades mediterráneas han heredado esa condición, donde el espacio público y vacío es aquello que las caracteriza.

Hay ciudades caracterizadas por la geología, otras por la fuerte presencia de terremotos o de un volcán, otras ciudades por su topografía, por el agua o por el clima. En Barcelona, la historia y la herencia del pasado imprimen huella y nuestra identidad es también nuestro relato. Parte de nuestra responsabilidad como arquitectos es compatibilizar esta historia construida con las necesidades de la sociedad actual.

Hay unas imágenes aéreas de Barcelona de principios del siglo pasado, donde se ve la trama Cerdà trazada y urbanizada aún sin construir. La trama funciona como un pattern que a lo largo de los años ha ido acogiendo arquitectura de distintas épocas, sin perder la identidad. No solo por la trama, sino también por el tejido de maestros de obras, artesanos y arquitectos que permitieron el desarrollo de esa trama desde un punto de vista estructural y constructivo, adaptándose a la técnica y a los recursos de cada momento, construyendo día a día, la identidad urbana de Barcelona.