In memoriam: Peret (Jot Down)

Si eres tan inteligente que nadie puede entenderte,
enfadarte con la gente
no sirve de ná.
Coincidirán conmigo: la música es el arte que entronca de manera más directa con la emoción. ¿Cuántas veces han llorado al escuchar un determinado tema? ¿Cuántas han saltado de alegría sin saber por qué al ritmo de esa, precisamente esa canción? ¿Cuántas han reído? En el conservatorio te enseñan que este entrelazado emocional se debe esencialmente a las propiedades de reverberación armónica de la música. O sea, que ciertos acordes vibran en sintonía con la manera natural que el ser humano tiene para escuchar al mundo. También te enseñan qué es la gran música y por qué la llamamos así. Cómo componía Berlioz o cuál es la razón por la que el Tristán e Isolda de Wagner nos pone la carne de gallina. Luego terminas la carrera e intentas aplicar lo que has aprendido a la música popular. Quieres intelectualizarlo todo: que si Stevie Wonder era un prodigio de la armonía, que si Radiohead son lo más profundo que puedes escuchar en una radiofórmula. De esta manera, Arcade Fire, Opeth, Jimi Hendrix, Franco Battiato y hasta el sursum corda si se te pone por delante son objeto susceptible de tu profundo análisis. Leer esta historia en Jot Down