Juli Capella: “Cualquier persona tiene una capacidad innata para crear artefactos y solucionar temas a base de materializar su ingenio”

Quería ser misionero e inventor, pero a lo que de verdad aspiraba era a ser estrella del rock, aunque en plan cantautor. Sin embargo, Juli Capella (Barcelona, 1960) se tuvo que conformar con ser uno de los arquitectos y diseñadores más prolíficos del panorama barcelonés, catalán y español. Autor de centros comerciales como el Herón City y de hoteles de gran escala, como el Omm o el Diagonal Barcelona, también ha construido viviendas y pequeñas rehabilitaciones. Además, tanto en solitario como junto a Quim Larrea, ha abarcado prácticamente todos los ámbitos del diseño, desde mobiliario urbano hasta relojes, pavimentaciones, grafismos, cuberterías e incluso alfombras.

¿Qué es Barcelona?

Barcelona son 1.620.943 almas humanas rodeadas de magnífica cultura material en forma de edificios, muebles, gráfica... en un entorno geográfico privilegiado.

Has proyectado y construido edificios de todas las escalas, desde pequeñas rehabilitaciones hasta hoteles de 5 estrellas. ¿Has tenido la misma actitud frente a ellos? 

No hay proyecto grande o pequeño sino interesante o banal. La actitud es siempre apasionada, intensa, entusiasta, cada encargo parece un milagro. Pero evidentemente tu actitud es distinta según sea la del cliente, que es en gran medida quien hace posible o no un buen proyecto. Con clientes autistas o perezosos te salen cosas peores. Si te dan caña, te esmeras. Si pasan de ti, aflojas. Y si te faltan al respecto, has de renunciar al proyecto, sea un rascacielos en Lima o diseñar una tarjeta de visita. Has de trabajar en beneficio del cliente, no tuyo, pero sin bajarte los pantalones, por su propio bien.

Algunas de tus obras son edificios singulares. ¿Cuál es la importancia de los edificios singulares en la ciudad?

Ser singular no debe ser un propósito, sino un resultado. Si estás muy excitado y el tema da de sí, te sueltas y acaba saliendo algo diferente (que no quiere decir mejor). Nunca he buscado ser singular, por la sencilla razón de que no se puede ser de otra forma, acontece. Toda persona es diferente a otra y por consiguiente tampoco debería haber dos casas iguales, ni dos coches iguales, ni dos trajes iguales, como no hay dos flores iguales: toda creación es singular. Ahora bien la búsqueda expresa de destacar de forma chirriante para llamar la atención con un edificio estrambótico -lo que ahora entendemos por singular- me parece inadecuada. Y ha abundado mucho y seguirá siendo así, el ego de un arquitecto tiende al infinito. Y el de los clientes millonarios no digamos. Si se juntan, ¡boom! Y los ciudadanos suelen salir damnificados, en vez de beneficiados.

Junto a Quim Larrea has desarrollado gran parte de tu carrera en el mundo del diseño, tanto el industrial como el gráfico o el editorial. ¿Te enfrentas a él de igual manera que lo haces con un proyecto de arquitectura?

Con el entrañable Quim disfrutamos una época virgen en los albores del diseño en España. Para nosotros hacer un logotipo, una silla, un bar, un hotel o planeamiento urbano es lo mismo. Es decir, tiene un mismo proceso creativo: hay un encargo, surgen las ideas, las acabas dibujando y luego alguien, tu u otro lo construye. Solo cambia la escala, es decir el presupuesto. Siempre he animado a los jóvenes a ser diseñadores, porque creo que todo ser humano lo es en gran medida. Eso sí, la sociedad se encarga de irte castrando para que te especialices en algo. Pero cualquier persona tiene una capacidad innata para crear artefactos y solucionar temas a base de materializar su ingenio. Por tanto cualquier joven inquieto puede encontrar en las múltiples disciplinas creativas un precioso universo de búsqueda. Otra cosa es pretender vivir de ello, aquí las cosas se complican. Les dirán: "sí hombre, encima de que disfrutas ¿quieres cobrar?".

El “diseño catalán” es casi una marca desde hace ya más de medio siglo. ¿Cuál crees que es su influencia sobre el diseño mundial?

Sin duda alguna hay diseño catalán, también vasco, valenciano o madrileño... pero cada vez se confunden más entre ellos. Y también con el extranjero. Ciertamente Barcelona, más que Cataluña, lideró el diseño desde las apuestas pioneras de los años 60 del siglo pasado, hasta bien entrados los años 90. Pero luego todo el mundo empezó a espabilar y nosotros a dormir un poco. Aun y así es indudable una cierta capitalidad barcelonesa. Pero no tiene un estilo propio reconocible, la globalización ha homogeneizado mucho las propuestas en todo el mundo. Es casi imposible ver una lámpara o un envase y saber si es de aquí, italiano o alemán. Antes resultaba más fácil. Por eso vuelven ciertas nostalgias identitarias, no solo catalanas sino españolas o italianas. Un revival regionalista, pero que irónicamente es globalizado.

¿Tiene Barcelona una identidad urbana propia?

Barcelona tiene una personalidad muy acusada, que se la da el marco geográfico, la configuración urbanística, sus estilos edificatorios y un cierto estilo gráfico cuidado y comunicativo. Pero tras este análisis epidérmico, matérico, la verdadera identidad la han ido dando todos los barceloneses y visitantes, que han ido aportando sus creaciones a lo largo de los siglos, y eso es sin duda único e irrepetible. Respecto al tema de sentir responsabilidad, de joven pensaba firmemente que debía cambiar al mundo a través de mi trabajo. Ahora voy descubriendo cuan difícil es simplemente cambiarme algún defecto personal. Tiendo pues a ser cada vez más irresponsable. Pero a la vez más consciente de la gran estafa del sistema. De ahí surge un compromiso alegre para pequeños cambios radicales. El diseño crítico.