Jordi Truco y Sylvia Felipe: “Un proceso computacional también puede generar una propuesta arquitectónica”

Los arquitectos fundadores del estudio HYBRIDa opinan que el diseño paramétrico es una de los planteamientos para que la arquitectura avance y genere nuevas realidades, pese a las reticencias de la construcción o la comercialización.

(Entrevista realizada para Fàbrica Futur Barcelona)

Fotografías de Alberto Gamazo
Jordi Truco (1968) y Sylvia Felipe (1973) nacieron en Barcelona pero, desde que se graduaron en la ETSAB han dado la vuelta al mundo con un planteamiento arquitectónico arrolladoramente novedoso. Algunos lo llaman diseño paramétrico, otros lo llaman fabricación digital, pero ellos prefieren no adherirse a las etiquetas y decir que realizan arquitecturas emergentes. Porque emergen del proceso y no de un modelo prefijado. Firmes defensores de los avances tecnológicos y las ventajas que aporta la computación como herramienta, buscan una estrategia de diseño integral que proporcione entornos construidos adaptativos y más eficientes. Han recibido varios premios como la MAarch Distinction en “Diseño y Tecnologías Emergentes” de la Architectural Association of London.

Además de su trabajo en el estudio HYBRYDa, son los responsables del Master en Diseño Avanzado y Arquitectura Digital (ADDA) de la Escola Superior de Disseny i Enginyeria de Barcelona.

¿Qué es Barcelona?

La respuesta tiene que ser personal porque Barcelona es la ciudad en la que he vivido. Es una ciudad que genera interés, pero desde mi experiencia internacional en Londres, Nueva York o San Francisco, te das cuenta de que Barcelona es una ciudad grande y pequeña a la vez. Las cosas pasan pero, a veces, les cuesta pasar. Va a otro ritmo. Cuando escarbas, la conoces, la has vivido, pero luego te has ido y has vuelto, entonces te das cuenta de que tiene sus contras. Tiene sus momentos en los que aparenta algo, pero también tiene cosas que mejorar.

¿Eso no pasa en otras ciudades también?

Sí, pero cuando vas a otros lugares donde hay una intensidad intelectual, investigativa o creativa muy potente, al volver aquí te encuentras con un cierto contraste. Si solo estás aquí, a lo mejor no te das cuenta. En Barcelona las cosas no tienen la misma velocidad o intensidad; incluso la velocidad o la intensidad que aparenta en un primer momento. Barcelona es una ciudad muy cosmopolita, pero también es muy local, muy endémica. Si la gente no te conoce, a veces puedes tener complicaciones, cosa que no pasa en otras ciudades con otro enfoque cultural.

Hay una dualidad. Barcelona tiene dos velocidades.

Vosotros trabajáis con diseño paramétrico digital. ¿Cuáles son las ventajas del diseño paramétrico sobre el diseño dirigido, más convencional?

A nosotros no nos gustan las etiquetas. No diría que hacemos solo diseño paramétrico, sino que intentamos hacer uso de las herramientas y los procesos contemporáneos, tanto instrumentales como teóricos para pensar y proponer. El diseño paramétrico es un apéndice de este planteamiento. Hay quien basa toda su teoría en el diseño paramétrico, pero para nosotros solo es una rama de nuestro pensamiento. El diseño paramétrico no es una cuestión solamente computacional, los griegos ya usaban parámetros. No hay una religión de lo paramétrico.

Intentamos conectar las tecnologías contemporáneas que tenemos al alcance con planteamientos menos subjetivos, menos dirigidos. Mediante las herramientas y los procesos generamos los diseños; no hay una decisión a priori, sino que se produce a través del proceso en el que intervienen muchos factores.

Siempre hay decisiones que tomar y siempre son subjetivas, pero intentamos que los resultados no sean dependientes de un concepto previo, de un modelo. Si dependes de un concepto previo, éste te marca la dirección y acabas condicionado. Es un proceso emergente sin modelo establecido. A veces te encuentras con diseños que no llegan a nada; cuando el camino no es convencional, cuando la experimentación y la exploración están por medio, entonces se produce un incremento en la posibilidad de cometer errores. Y este incremento es exponencial. Pero esto es lo que nos interesa. Nos interesa encontrar cosas nuevas, diferentes. El camino es duro, cansado y difícil de juzgar. A veces genera frustración y, a menudo, es difícil de ser reconocido porque no hay ese modelo preestablecido que dirige a un resultado. Pero su valor reside precisamente en la posibilidad de generar productos que no habías ni imaginado; resultados no previstos. En el master nos sucede mucho: los alumnos salen del curso haciendo cosas que jamás hubiesen pensado en hacer.

¿Creéis que es el futuro (o uno de los futuros) de la arquitectura?

Es uno de los posibles. Afortunadamente, la arquitectura tiene muchos enfoques y muchas estrategias; y cuanto más tiempo pasas trabajando de esta manera, más valoras las infinitas posibilidades de la profesión. Hay que seguir buscando planteamientos para que la disciplina avance y genere nuevas realidades, y éste es uno de ellos.

No son finalidades, sino instrumentos, medios que puedes utilizar para crear una arquitectura emergente. Emergente porque emerge desde el proceso. Las etiquetas como “parametría” o “fabricación” solo definen oportunidades contemporáneas para trabajar con el diseño. Trabajamos con instrumentos potentes para pensar, pero no son objetos finales en sí mismos. No nos interesa el fetichismo de la etiqueta, no nos interesa enmarcarnos en el “diseño paramétrico”. Para nosotros, todo va dentro y con eso hacemos un coctel a ver qué sale.

¿Dónde está la toma de decisiones en este tipo de planteamientos con el que trabajáis? ¿En qué momento se produce?

El acceso a los procesos computacionales abre un enorme abanico de posibilidades. En todos los campos y, por tanto, también en el mundo del diseño o la ingeniería. Nuestro cerebro trabaja como un procesador en paralelo masivo, mientras que un ordenador es un procesador en serie rapidísimo. Nosotros no necesitamos seguir trabajando a la velocidad del cerebro, porque el ordenador ejecuta procesos a una enorme velocidad; nosotros nos encargamos de la toma de decisiones, de proponer esos procesos. El ordenador genera mutaciones, opciones; y como nosotros hemos establecido unos parámetros de corte, el ordenador elige las opciones que hemos definido como posibilidades de proceso. Y los resultados son muchas veces inesperados, porque yo establezco los parámetros de trabajo, el ordenador computa y luego yo evalúo los resultados que el ordenador ofrece.

La toma de decisiones es el establecimiento de parámetros. El ordenador solo procesa la información. No hay ejemplos sencillos, pero imagina un proyecto urbano en el que se establecen parámetros como los puntos de más decibelios de una determinada área y le decimos al ordenador que encuentre y colonice las zonas con menos decibelios. Las propuestas que puede generar el ordenador son inesperadas, pero el patrón está preestablecido: un nivel de confort de decibelios inferior al número que le hayamos dicho. Después, el ordenador genera una propuesta formal y arquitectónica en la zona en la que nosotros queríamos que se produjese. La forma no se controla, pero el resultado responde al parámetro que le habíamos marcado.

¿Se podría establecer un diseño computacional o paramétrico para resultados arquitectónicos tan tradicionales como la vivienda?

Sí, seguro. Porque la arquitectura y la construcción tiene muchas manifestaciones. Abarca desde la colocación de ladrillo hasta construir edificios que se mueven. Hay un universo tecnológico desde los romanos hasta hoy. Y todo es aplicable, se pueden aplicar hasta a una vivienda de ladrillo que se construya mañana. Lo que pasa es que estos planteamientos necesitan sus tiempos y sus desarrollos. Necesita que el mundo y el mercado sea capaz de asumir los esfuerzos y resultados que se producen.

Estas implementaciones se producen en cualquier otra disciplina, pero en arquitectura llevamos un retraso de décadas en las que nos preguntamos y discutimos sobre cien mil cosas. Ahora mismo hay coches que aparcan solos, pero nosotros aún nos preguntamos si una fachada se puede autorregular mediante sistemas informáticos o computacionales. Estas preguntas no se las hace un ingeniero. Hay muchas discusiones que retrasan y revisan un proceso que, de todas maneras, antes o después, se producirá. Si un teléfono es capaz de geolocalizarte y mandar señales a un satélite, nosotros no deberíamos preguntarnos si un proceso computacional puede generar una propuesta arquitectónica.

Nosotros desarrollamos sistemas arquitectónicos adaptativos al entorno de manera geométrica y física. Con materiales flexibles, con actuadores que modifican la geometría…etc. Trabajamos con ingenieros aeroespaciales. Trabajamos en puro i+D. A partir de ese momento, se debe producir un impulso para poder industrializar y comercializar esas propuestas. Y ese proceso será lento y es posible que nosotros no lo veamos o lo veamos muy cambiado.

¿Existe un diseño paramétrico analógico? ¿Hay cabida para un diseño paramétrico no-digital o la apuesta por la computación es innegociable?

Por supuesto que se puede realizar un diseño paramétrico no-digital, mediante algoritmos. Lo que sucede es que el ordenador permite generar procesos de forma hiperacelerada introduciendo variaciones a tiempo real. Pero el ordenador solo es una herramienta. Es un valor añadido sobre una base, no es un valor en sí mismo. Un diseño paramétrico no tiene por qué estar hecho con ordenador. La parametría solo es la generación de un sistema interdependiente mediante parámetros. Si empleas un sistema computacional, a lo mejor puedes plantear trescientas propuestas en un minuto y evaluarlas en tiempo real; mientras que a mano quizás solo tendrías veinte propuestas en tres meses. La tecnología multiplica el efecto, pero no establece ninguna diferencia.

La manera de pensar es única e independiente de la herramienta. Hay gente que hace escultura digital: modelan, buscan un resultado que tenían en imagen de forma digital. Nosotros hacemos justo lo contrario. Encontramos resultados inesperados, formalizaciones desmesuradas que no podemos explicar a priori, solo se pueden explicar diciendo los parámetros que se tomaron en su generación. A veces, los resultados no son geometrías, sino diagramas, patrones de comportamiento, sistemas autoorganizados. Y los resultados son enormemente heterogéneos.

Es una manera de proyectar muy distinta. Me hace gracia que se le ha llamado “formalismo”.

Y es justo lo contrario, ¿no?

Claro, no hay nada más lejos del formalismo. No nos importan las formas, sino lo algoritmos que conforman el proceso. De hecho, no hay nada más formalista que una caja cuadrada blanca con una ventana cuadrada en el medio; eso sí es radical. Eso sí es apegarse a la forma.

Lo curioso que nos pasa con los alumnos del master es que, una vez que han aprendido a pensar así, les cuesta mucho volver a pensar de una manera más tradicional, más formalista. Porque aprenden una nueva manera de pensar. Después de todo lo que han aprendido, de todos los procesos, de aprender código, de aprender a mirar de otra manera, es imposible que luego hagan una caja. Han aprendido procesos y herramientas contemporáneas.

¿Tiene Barcelona una identidad urbana propia? ¿Cómo es? ¿Si se aplicara el diseño paramétrico a Barcelona, habría unos resultados propios y únicos de la ciudad?

Creo que Barcelona tiene una identidad propia, con unos parámetros preestablecidos. Nunca ha sido capital, y por tanto, las cosas se han hecho mediante el interés y la inversión de la burguesía siempre dentro de esta condición de no-capitalidad. Tiene edificios muy medidos, muy estudiados, no exagerados. Y es una identidad muy potente. Hay que construir con pocos medios intentando sacar el mayor rédito posible; desde el Forum hasta los Juegos Olímpicos. Fueron excusas para realizar inversiones en la ciudad, siempre hechas de una manera muy mirada, muy meticulosa. La imagen final es de no-grandilocuencia, sino de calidad austera y aprovechamiento.

Pero, por otro lado, tenemos una figura opuesta que se entronca con nuestra manera de pensar: Gaudí. Gaudí encarna una manera de pensar emergente, sin resultados previos. Él trabaja poco antes que Mies van der Rohe construye el pabellón de Barcelona; y mientras que Mies trabaja con un manifiesto, Gaudí no sigue ningún movimiento. Gaudí hace un proceso relacionado con los sistemas y los materiales, y resulta que hoy en día es revolucionario.

Era un outsider.

No seguía principios teóricos, era poco teórico. No entraba en los manifiestos que definían cómo debía ser la arquitectura, y sin embargo, pensaba de igual manera a como se piensa hoy: trabajo emergente de exploración e investigación. Y Gaudí también conforma una gran parte de la identidad urbana de Barcelona.