Xavier Ruscalleda y Marta Lorenzo: “Barcelona no puede crecer más, tiene que decidir si quiere derribar o reinventar”



Los fundadores de xxm_arquitectura afirman que el futuro de la ciudad debería pasar por la reinvención y la reutilización de espacios en desuso. También creen que los arquitectos deberían involucrar al usuario final en el proceso de redacción del proyecto.

Xavier Ruscalleda (Blanes, 1980) y Marta Lorenzo (Vigo, 1980) forman xxm_arquitectura, estudio bicéfalo y multidisciplinar con dos sedes en la provincia de Pontevedra y una en Barcelona. Ruscalleda estudia en Barcelona, pero también en Holanda y en Italia, especializándose en urbanismo y patrimonio. Lorenzo es arquitecta por la Escuela Técnica Superior de A Coruña pero se traslada a Barcelona para trabajar en tecnología y rehabilitación. Ambos coinciden en el estudio de rga arquitectes y deciden emprender un camino propio.

Han trabajado en todas las escalas, desde la pública hasta la más efímera, pero siempre con un especial interés por la rehabilitación, la reutilización, la revaloración y el reciclaje de espacios; como la sala de conciertos de Roca Umbert en Granollers o la Central del Circ, situada en el antiguo recinto del Forum 2004.

¿Qué es Barcelona?

Barcelona es la ciudad que nos hace abrir los ojos, y a veces cerrarlos. Este proceso nos hace crecer como personas y como arquitectos. Es un proceso que puede ser positivo y negativo a la vez: nos hace abrir los ojos cuando nos sorprende, pero puede ser una sorpresa agradable o desagradable. A veces cerramos los ojos para reflexionar, pero otras veces los cerramos porque no queremos ver ciertas cosas. Es una ciudad que te hace reaccionar.

Vuestro estudio está en dos provincias, Barcelona y Pontevedra. De igual manera, Xavier es catalán pero Marta es gallega. ¿Cómo es la influencia arquitectónica de Barcelona en el resto de la Península, si la hay? ¿Cómo la entendéis vosotros?

Barcelona es un referente arquitectónico, urbanístico y de diseño, pero sobre todo cultural. Por ejemplo, en la Escuela de Arquitectura de A Coruña, cada número de la revista Quaderns era objeto de análisis desde allí. Barcelona siempre ha estado en el punto de mira de la cultura.

Sin embargo, desde dentro resulta mucho más difícil atender a todo lo que pasa, porque estás en el centro del propio meollo. Es curioso cuando vienen amigos de fuera y nos recomiendan visitar alguna obra de la ciudad que nosotros desconocíamos. Nos damos cuenta de que la influencia de Barcelona es más fácil de apreciar desde fuera que desde dentro. Es como en un concierto: se aprecia mejor desde una grada elevada que desde el centro de la platea.

Como tenemos dos puntos de vista y dos orígenes diferentes, también analizamos la ciudad desde perspectivas diferentes. Y es una ayuda y un beneficio para nosotros. Con todo, al final, tras convivir y trabajar varios años juntos, acabamos uniformando un poco nuestra visión.

¿Cómo se realiza la toma de decisiones en un estudio bicéfalo y con actividad en dos puntos tan alejados de España?

Queremos romper el mito de la distancia. Por ejemplo, de Barcelona a Vigo hay una hora y media, pero a veces tardas más de hora y media en cruzar Barcelona. Descansamos más viajando desde Barcelona a Vigo que en otros desplazamientos de la misma ciudad. Aprovechamos esos viajes, incluso el propio trayecto.

Al principio existe un cierto conflicto derivado de la bicefalia, pero con el tiempo, te das cuenta de que muchas discusiones acaban siendo positivas. Nuestras cabezas son muy diferentes, con orígenes muy diferentes, y reacciones muy diferentes. Aunque sea un tópico, nosotros mezclamos una visión mediterránea con una atlántica, y eso nos enriquece. Vemos todo a través de cuatro ojos, y el resultado es más complementario, más complejo y más rico. Nos lleva a soluciones más elaboradas que las que haríamos uno solo por nuestra cuenta. No es solo consecuencia del origen, sino también del carácter y la formación.

El origen puede ayudar, pero no lo es todo.

Claro, el ambiente, el paisaje, el clima… todo contribuye a modelar un carácter, pero la personalidad no es solo eso. A corto plazo puede parecer un problema, pero a largo plazo el resultado es mucho más rico.

Vuestra obra más conocida es la Central del Circ. ¿Cómo os enfrentasteis a ella? ¿Cómo debería enfrentarse la arquitectura a proyectos sin apenas precedentes, como en este caso?

La Central del Circ fue nuestro primer proyecto y, desde el principio, nos dimos cuenta que desconocíamos completamente el mundo del circo y, por tanto, no podíamos resolverlo como si se tratara de un edificio de oficinas o un colegio o algo que sí que conocíamos. Decidimos empezar de cero; dejar de lado todos nuestros prejuicios sobre el circo e incluso sobre la arquitectura. Reconocimos que no sabíamos nada.

El problema es que en las escuelas de arquitectura no te enseñan a empezar desde cero. No solo desde el punto de vista constructivo, sino desde la propia comprensión arquitectónica o espacial. Además, teníamos un problema añadido: no solo no conocíamos el mundo del circo, sino que tampoco teníamos a nuestro alrededor nada en lo que fijarnos. Ningún precedente y ninguna referencia.

Así que aprendimos, literalmente desde cero. Condujimos durante trece horas hasta el norte de Francia para conocer una escuela de circo e incluso dormimos en la casa de una familia de trapecistas.

Qué bonito.

Con ellos no solo aprendimos las técnicas del circo, sino también su visión del mundo, la filosofía de vida que tienen detrás.

Así, aprovechando la experiencia, decidimos que redactaríamos el proyecto de la misma manera. Hicimos el proyecto codo con codo con artistas de circo. Y esto nos demostró lo importante que es abrir el proceso de la redacción de un proyecto al usuario final. Lógicamente, esto lo hace todo mucho más complejo, pero también mucho más lógico y genera un resultado mucho más satisfactorio.

Aprendimos mucho con esta experiencia. De hecho, es la metodología que intentamos llevar a cabo con cada proyecto: coger al usuario final e involucrarlo desde el principio. Esto mejora el proyecto y evita problemas futuros. Queremos abolir la idea del arquitecto encerrado en su despacho.

¿Cómo se enfrenta la arquitectura al hecho de reaprovechar un espacio ya construido pero en desuso? ¿Es este reciclaje arquitectónico, este aprovechamiento de espacios en desuso un camino para el futuro de la arquitectura?

Es muy interesante continuar una historia ya empezada. Te puedes permitir licencias, cambios de guión o giros absolutos; pero antes de crear nuevos espacios habría que despertar y valorar los espacios olvidados. A nosotros nos hace vibrar más un espacio bien reconvertido que una magnífica obra nueva, por muy buena que sea. Quizá es algo sentimental, pero cuando vemos un rincón o un edificio abandonado y alguien ha sido capaz de darle la vuelta, ponerlo en valor y darle un nuevo uso, a nosotros nos interesa mucho más que un edificio nuevo y reluciente en un emplazamiento llano y perfecto.

Es obvio que en un momento como el actual, derivado de la crisis económica, en el que se pone en valor el reciclaje doméstico, el reciclaje de materiales y energías, incluso el reciclaje profesional; la arquitectura tiene que responder a este movimiento del reciclaje. El problema es que durante el megaboom de los años boyantes, la única preocupación era el crecimiento de los pueblos y las ciudades, con un absoluto olvido de lo que pasaba en su interior. Veíamos como se construían nuevos equipamientos mientras el patrimonio ya construido quedaba totalmente en desuso. Ahora nos damos cuenta de que hay un giro, un cambio de sensibilidad, incluso desde las propias administraciones. Ahora hay un interés en recuperar espacios ya existentes. Quizá sea por un motivo exclusivamente económico, pero esperamos que no.

Si la crisis nos sirve para poner en valor la arquitectura olvidada, al menos sacaremos algo positivo de toda esta catástrofe.

Aparte del reciclaje espacial o arquitectónico, ¿hay otros caminos de reinvención de la arquitectura?

Sería incluso más interesante pensar en cómo redirigir el pensamiento colectivo, no solo el de la arquitectura. Todos deberíamos ir en direcciones más lógicas, más sostenibles. La suerte de Barcelona es que hace tantos años que no puede crecer más, que tiene que decidir si quiere derribar o quiere reinventar.

¿Tiene Barcelona una identidad urbana propia?

Desde fuera, Barcelona tiene una identidad propia y clara. Sin embargo, desde dentro se ve como una identidad mucho más compleja. No tiene una única identidad, sino que es la suma de muchas identidades muy diferentes.

Queremos pensar que la arquitectura no marca la identidad de una ciudad, sino que es la ciudad la que dirige el camino de la arquitectura. Nuestra responsabilidad como arquitectos no debe ser la de crear identidad, sino la de ofrecer respuestas. Porque Barcelona es una ciudad pequeña pero muy compleja, con una enorme disparidad de sensibilidades, culturas, preocupaciones e intereses. Sería positivo que la arquitectura respondiese a todas ellas, sin pensar en una identidad única y quizá un poco inventada. Respondiendo a todas esas sensibilidades de manera distinta y sensible a cada una será cuando se responderá a la identidad.