Si van a Oporto y solo pueden ver una cosa, visiten las Piscinas das Marés de Álvaro Siza (Jot own)


Al final del Duero hay una ciudad que se descuelga. Las calles se precipitan hacia el río en pendientes casi imposibles y las casas multicolores trepan por los riscos y asoman desafiantes sus balcones sobre el cauce. Es un lugar fascinante, mágico, casi feérico. Es como una de las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. Es como… esto… bueno, sí, es como Cuenca.

El caso es que Oporto es una ciudad preciosa con un montón de lugares atractivos para visitar (que Cuenca también es una ciudad muy bella llena de sitios estupendos, no se me sulfuren). Por ejemplo, pueden acercarse al puente de Don Luis I que conecta el casco antiguo de la ciudad con la zona de las bodegas. Es una construcción decimonónica muy interesante, esencialmente por los dos tableros que cruzan la desembocadura del Duero a distintas alturas: uno superior que carga en compresión sobre el arco de acero roblonado y otro inferior que descuelga a tracción de él. También es muy bonita la Torre dos Clérigos, con sus 75 metros de granito barroco, o la Casa da Música, que es un hipermoderno diamante de hormigón facetado.

Ahora bien, si van en verano, guárdense un día para ir a la piscina. La que yo les recomiendo no está exactamente en Oporto, sino un par de kilómetros al norte (se puede llegar en metro), en la localidad de Matosinhos, en el barrio costero de Leça da Palmeira.

Son las Piscinas das Marés, y es un lugar absolutamente único... Lee esta historia en Jot Down