Skate entre la contemporaneidad (Fàbrica Futur Barcelona)


(Artículo escrito para #ffbcn | Fàbrica Futur Barcelona

Les voy a proponer un pequeño juego: si un día bajan por La Rambla o la Ronda de Sant Antoni y ven a un chaval con patines, quizá un grupo de chicas y chicos armados con skateboards, síganles. Háganme caso. Lo más probable es que al cabo de unos minutos estén atravesando El Raval y acaben desembocando en la Plaça de Joan Coromines, o como solemos llamarla en Barcelona, la plaza del MACBA.

En 1987, cuando el arquitecto norteamericano Richard Meier recibió el encargo del Ajuntament de Barcelona para construir un nuevo museo de arte contemporáneo en el corazón de la Ciutat Vella, planteó un edificio complejo pero muy bien organizado. Las salas de exposición se articulaban hacia una gran rampa y una escalera orgánica que ofrecía fachada a la plaza. Lo que seguramente no sabía es que, al poco de inaugurarse en 1995, el MACBA sería no solo el museo de arte contemporáneo más importante de la ciudad, sino también uno de los puntos de encuentro más reconocidos dentro de la cultura mundial del skate.

Y es que, junto a la gran fachada blanca y acristalada, Meier colocó los accesos necesarios para el edificio: una rampa peatonal, escaleras, barandillas y planos inclinados. Y todo ello construido con una suave superficie de piedra.

Claro, donde los arquitectos ven accesos y comunicaciones, los skaters ven un mundo por descubrir. Cada rampa es un ollie, cada bordillo es un lugar para apoyar el tail y cada barandilla es un raíl para grindar. Hasta el punto de que el propio MACBA decidió convivir pacíficamente con los skaters, ofrecerles el impecable telón de fondo que era su edificio e incluso construirles bordillos exclusivos para ellos.

En estas casi dos décadas, el MACBA se ha convertido en un spot privilegiado para los skaters de Barcelona y del mundo. Así, gracias a los eventos improvisados y también oficiales que aglutinan a cientos de skaters cada año, el museo se aprovecha, en una suave simbiosis, de la publicidad gratuita que recibe.

Pero eso a los skaters les da un poco igual. Ellos solo quieren disfrutar. Porque como les dije al principio, en la vida hay que proponerse pequeños juegos, y Barcelona es una ciudad para trabajar, para caminar, para vivir. Y también para jugar.