Oda al niño torpe (Revista Magnolia)

Me he roto siete veces seis huesos distintos del cuerpo. O sea, no es que me haya roto esos mismos seis huesos siete veces; es que el codo derecho me lo rompí dos veces. En años consecutivos. En veranos consecutivos, concretamente. Con ocho y nueve años.

Haciendo los cálculos, salgo a 1,75 roturas traumáticas por cada década de vida; lo cual, pues oye, no es un promedio nada malo. Nada malo si fuese piloto de motociclismo, paracaidista profesional o trapecista de éxito (no descartemos aún esta última opción, que la vida es tan larga como ancha es mi inconsciencia). Pero no... Lee mi columna en Revista Magnolia