Un viaje a nado por las piscinas más fascinantes de Europa. (Yorokobu)



Y sin embargo, desde que dejamos de ser cazadores-recolectores, el impulso de la especie nos ha llevado a intentar domesticar todo lo que nos encontrábamos. Domesticamos el trigo y las naranjas. Domesticamos caballos e incluso lobos –hoy les llamamos «perros»-. Y también hemos domesticado al océano. ¿Qué es, al fin y al cabo, una piscina, sino un trozo de mar domado a nuestro antojo? Un pequeño fragmento de océano o de río al que hemos desposeído de la bravura del oleaje o del peligro de sus rápidos, para quedarnos solo con lo que nos gusta y, en definitiva, nos define: el agua.

Desde Viena hasta Oporto nadaremos por algunas de las piscinas más chulas de Europa. Lo bueno es que ninguna pertenece a un hotel de lujo ni forma parte de un costoso resort. Todas, al margen de su gestión, son de acceso público y a precios populares. Y además, todas son interesantísimas piezas arquitectónicas. Lee esta historia en Yorokobu.