Cinco fotogramas al borde de los sublime. (Jot Down para Bombay Sapphire)



Terrence Malick completamente enamorado de la hora mágica. Del tiempo justo anterior al amanecer e inmediatamente posterior a al ocaso. El tiempo al borde del sol.

Malick quería rodar en esa hora, que para Almendros era un eufemismo: «porque no dura una hora, apenas eran veinticinco minutos cada día». Pero en esa hora que son veinticinco minutos la luz es distinta. No tiene los agitados contrastes del crepúsculo ni la nitidez del mediodía. Es una luz lenta, adormecida. Como la época que retrata Días del cielo era una época de esperanzas adormecidas al alba.

Para la escena de la plaga de langostas, y ante la imposibilidad de disponer de un verdadero enjambre de insectos, Malick decidió simularlos con ingenio. Y con cacahuetes. Subido en un helicóptero, lanzó docenas de sacos de cáscaras de cacahuete sobre los campos de trigo, mientras obligaba a los intérpretes a moverse al revés. Después, invirtió el orden de la filmación para que los hombres caminasen hacia adelante mientras los cacahuetes que habían caído se convertían en langostas escapando hacia el cielo. (Lee este artículo en Jot Down)