Contenedores marítimos: viviendas recicladas a mitad de coste. (el Economista)





Los contenedores marítimos llevan ya más de una década empleándose como objeto constructivo. A menudo en casetas de obra o pabellones temporales, pero cada vez con más frecuencia como elemento principal de edificios permanentes. Tiendas, bares y sí, también viviendas. Casas para vivir.

Y si reciclamos, reciclemos. Reciclémoslo todo. Reciclemos el material y la forma. Reciclemos el espacio. Ese espacio que viajó por el mar lleno hasta los topes de objetos, de piezas, de maquinarias, de materias primas o de vaya usted a saber qué. Ese espacio que la sociedad ya no quiere porque ya no responde a su uso original no tiene por qué ser un espacio sin ningún uso. No tiene por qué ser espacio-basura que despreciar.

Porque nosotros sí podemos usarlo, podemos cambiarlo, reformarlo y acondicionarlo. Podemos hacerlo más feliz y mejor. Podemos convertirlo en arquitectura. En verdadera arquitectura. (Lee este reportaje en el Economista)