La nueva sede de Google: una carpa de vidrio poco innovadora. (Yorokobu)



La propuesta de BIG y Heatherwick para la nueva sede de Google en Silicon valley no está a la altura de las inspiradoras palabras de sus creadores. Esencialmente porque, si bien son famosos y prestigiosos, Ingels y Heatherwick están bastante lejos de ser los arquitectos más avanzados o más innovadores del panorama mundial, lo cual no parece lo más apropiado para una compañía cuya mirada está tan sólidamente fijada en el futuro. La arquitectura de BIG, refulgente y bombástica, apenas tiene contenido intelectual, algo no necesariamente malo, pero difícil de casar con la ambición teórica del proyecto. Y la belleza de los proyectos de Heatherwick a veces se sitúa en la frontera de la horterada, cuando no la supera.

Esto no dejan de ser opiniones sobre sus productos arquitectónicos y, como tales, pueden ser discutidas. Lo que no puede discutirse es que el proyecto que plantean para Google, al margen de sus estupendas intenciones, sus cautivadoras descripciones y sus deslumbrantes imágenes, se asienta sobre unas reflexiones espaciales y urbanas mínimas. Y esas reflexiones, además, tienen más de cincuenta años, quizá cien. (Lee esta crítica en Yorokobu)