El terror urbanístico de la burbuja (I): campos de golf en el secarral. (el Economista)



Los ejemplos más espeluznantes fueron los construidos en medio de la nada, confiando su éxito a mastodónticas urbanizaciones asociadas que se iban levantando a la vez que el campo de golf y que, supuestamente, se llenarían de turistas de larga duración. Aficionados venidos de todos los lugares del mundo, especialmente de las Islas Británicas y el norte de Europa, que comprarían apartamentos, chalets y villas, entusiasmados por el reclamo de poder practicar su deporte favorito bajo el cálido sol mediterráneo en lugar de las húmedas borrascas de sus países de origen.

Pero no sucedió así, claro. El resultado son urbanizaciones efectivamente descomunales, pero prácticamente vacías. El caso más conocido es el de Polaris World, en la localidad murciana de Torre Pacheco; un resort con centenares de atentados estéticos en forma de adosados de inspiración arábico-rústica y un hotel de 5 estrellas igualmente espantoso. Eso sí, lleno de piscinas, gimnasios y spas. Y todo ello rodeado por kilómetros cuadrados de secarral murciano. (Lee este artículo en el Economista)