Siete películas que nos cambian (a mejor). (Jot Down para Grimbergen)



A veces, el renacimiento es tan espectacular como una ceremonia de los Óscar dirigida por Cecil B. DeMiIlle. Piensen en el rayo divino que derribó a Saulo de Tarso de su caballo y lo transfiguró en apóstol; o a Ben Affleck, que tiene la misma cara de pan cuando va a comprar el pan que disfrazado de Batman, pero que un día se puso detrás de la cámara y nos cambió a todos con Argo. Otras veces, el renacer es más fluido y más sencillo. Como la decisión que tomó Gloria Swanson cuando, en su impasse interpretativo de veinte años fundó la compañía de patentes Multiprises, cuyo principal objetivo era rescatar a científicos e inventores judíos de la Europa azotada por la Segunda Guerra Mundial.

Es lo que tiene el cine, que nos inspira y nos cambia. Sus películas nos golpean como el rayo de san Pablo y nos transportan instantáneamente a lugares donde somos otras personas, aunque sea durante un par de horas. Aunque sea desde esa burbuja de tiempo que se abre desde la fanfarria hasta los créditos. Lo bueno es que, una vez hemos viajado allí, a menudo volvemos transformados para siempre. La experiencia nos marca el recuerdo y no la olvidamos nunca. Solo nos basta con ponernos delante de la pantalla y abrirnos una cerveza. (Lee este artículo en Jot Down)