Madrid a la fresca. (Jot Down para Mahou)


Bienvenidos al viscoso cliché que nos recuerda cada año que Madrid en verano es un infierno. El asfalto quema, los coches polucionan, los termómetros baten el récord de salto con pértiga, los pajarillos cantan y a las nubes ni se las ve porque se han largado de la urbe como la mitad de los madrileños. ¿Pues saben lo que les digo? Que nos vamos a pasar el cliché por el forro del optimismo. Madrid es una formidable ciudad estival; solo hay que mirarla con los ojos limpios, pasearla con pies pausados —y con chanclas, no hagan caso a la opinión general de esta revista: las chanclas son cojonudas—, escucharla con las orejas desabrochadas y bebérsela en un par de cañas de Mahou. De veras, ni siquiera es necesario ser residente y tampoco hay que recorrerse todos los museos capitalinos en rumiantes rebaños turísticos. Cualquiera puede tomar unas cuantas decisiones para pasar un estupendo verano en Madrid. (Lee más en Jot Down)