Los mejores edificios de España (I): El Ayuntamiento de Benidorm. (el Economista)



El edificio es mucho más que la mera proeza estructural o la controversia casi obligatoria que se produce en proyectos de este calado. Pese a lo masivo de su porte -tiene más de 14.000 metros cuadrados sumando las superficies del puente y los módulos inferiores-, las fachadas generan una imagen parpadeante que transforma a la pieza en un invasor amable. Todo el puente se recubre con lamas de vidrio que, incluso con el doble filtro, permite apreciar a la perfección la monumental cercha que lo sujeta. De esta manera, la envolvente juega en una graduación de escalas, entre la honradez de la estructura a la vista y la delicadeza mínima, casi microscópica, del símbolo. Porque, además, los elementos de vidrio no son transparentes ni traslúcidos ni opales; están serigrafiados con los nombres y los apellidos de las 60.000 personas que vivían en Benidorm en la fecha en la que fueron fabricados.

Esto puede parecer una tontería superficial, una boutade pergeñada de cara a la galería (y quizá lo sea), pero tiene una especial importancia cuando se trata de la sede del consistorio municipal. Es un gesto casi de amistad vecinal unido a otros más abstractos, como los pequeños espacios de recepción abiertos al viejo cauce de L'aigüera, lugares tranquilos que miran a los taludes de piedra, lejos, muy lejos de la dictadura de los balcones y las vistas, tan propia de las ciudades costeras. (Lee esta crítica en el Economista)