Cómo perder el miedo a la cocina contemporánea. (Jot Down para Mahou)




No me malinterpreten, doy por hecho que el cocido de su madre es un manjar estupendo, pero el resto de las afirmaciones tienen más del exabrupto que un cuñao haría frente a un cuadro de Jackson Pollock que de auténtico juicio valorativo. En primer lugar porque es cierto que existen similitudes entre el arte y la cocina contemporánea, tanto en su aproximación investigadora y creativa, en su intento de expandir los límites de sus respectivas disciplinas, como en el rechazo que provoca entre quien no se atreve a salir de su zona de confort para explorar nuevos campos. Y en segundo lugar porque, efectivamente, la mayoría de la gente que emite ese tipo de opiniones sobre la cocina contemporánea no la ha experimentado realmente. No hay juicio sino prejuicio.

Eso no significa que la cocina de vanguardia tenga que gustar. Por supuesto que habrá muchas personas que la prueben y consideren que no está buena, pero no creo que lancen el tipo de descalificaciones del primer párrafo. Y créanme que no digo esto porque sea un convencido de las deconstrucciones, el nitrógeno líquido y las esferificaciones, qué va. Lo digo precisamente porque, salvo un par de canapés aquí y allá, la cena que el chef Jesús Alcalá ofreció en Manzana Mahou ha sido mi primera experiencia con este tipo de cocina. Y como a mí me ha ayudado a perderle el miedo, paso a relatarla para ver si a ustedes también les sirve. (Lee esta crítica gastronómica en Jot Down)