Arquitectura de lo grotesco en China: cuando un zapato es una iglesia y una tetera un museo. (el Economista)




El problema de tener tal cantidad de dinero es que se acaba despilfarrando con facilidad. La especulación provoca perturbaciones bursátiles que golpean a toda la economía mundial, los fichajes y los sueldos de los futbolistas extranjeros son poco menos que irresponsables, y la superficie del país termina salpicada por algunos de los casos más flagrantes de arquitectura absurda.

En realidad, estas situaciones no son exclusivas de China, es solo que allí cobran un estatus verdaderamente grotesco. Como también sucede con los edificios que apuran el concepto de metáfora hasta sus consecuencias más ingenuas y más ridículas. Porque establecer una analogía arquitectónica puede generar bellísimas piezas como la Ópera de Sídney, pero cuando lo que hacemos es un edificio a imitación directa de otra cosa, el resultado es una anomalía amorfa. Algo que no son objetos ni construcciones. Una objetectura -no confundir con ojetectura, y mejor no continuemos por ese camino-. (Lee este artículo en el Economista)