Las ciudades que colonizarán la Galaxia. (Yorokobu)




Viajar por el espacio durante un par de siglos sigue siendo una burrada, pero es una burrada asumible. Bueno, asumible siempre y cuando demos por válido que habrá un buen puñado de colonos que nacerán y morirán entre las paredes de la nave interestelar que les transporte. Es aquí donde entra el concepto de arca espacial o nave generacional, llamado así porque, efectivamente, sería el hogar de generaciones enteras de seres humanos.

A principios de los 70, el físico Gerard O’Neill propuso a sus alumnos de la Universidad de Princeton un temario que estimulase sus neuronas, aprovechando el fin del programa lunar Apollo. Se trataba de plantear una serie de hábitats espaciales que sirviesen bien como residencia permanente, bien como naves generacionales. Había que resolver todos los problemas no solo de combustible, sino también de gravedad artificial, alimentación, suministro de aire respirable e incluso trabajo y esparcimiento. Además deberían poder albergar al suficiente número de personas como para servir de vehículo eficaces de colonización. (Lee este artículo en Yorokobu)