Los edificios más feos de España (V): el Palacio de Festivales de Cantabria, un faraón snob. (el Economista)




Permítanme el chascarrillo, pero es que si a algo se parece el Palacio de Festivales de Cantabria -además de a una vaca o un perrete boca arriba- es a un templo egipcio, pero en hortera. Y aunque dicen que el propio arquitecto renegó en parte del resultado final, lo cierto es que las decisiones estéticas sí que fueron culpa suya. Porque como me dijo un profesor en mis años de carrera, el problema de Oiza es que siempre fue un snob.

Es decir, siempre se "apuntaba" a las corrientes que predominaban en el mundo de la arquitectura. Lo malo es que, en los 80, la moda era el posmodernismo, y el posmodernismo arquitectónico intentaba recuperar los signos y los motivos de la antigüedad. Eso sí, a lo burro, de la manera más chabacana y obvia posible.

Así, el edificio es una especie de homenaje al pastiche. Piedra rosa y blanca, chapa de cobre verde, simetría grotesca y monumentalidad exagerada y, sobre todo, un montón de motivos decorativos absurdos, inútiles y además gigantescos. Es imposible no fijarse en las columnatas rojas con friso azul que no sujetan nada, en los cuatro torreones con sus cuatro piezas puntiagudas de acero que sujetan las luminarias, o en las megalómanas columnas, a medio camino entre lo egipcio y lo helenístico, que bordean el acceso principal. (Lee esta crítica en el Economista)