Arquitectura corporativa (VII): Centro de Aprendizaje Rolex, un edificio corporativo con esteroides. (el Economista)



Como suele pasar en las buenas decisiones, el proyecto ganador, obra de los arquitectos Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa al frente del estudio SANAA, resolvía el problema con una decisión muy sencilla: rechazaba la compartimentación de las necesidades, proponiendo un único espacio continuo de una sola planta. Pero no era una planta convencional ni un espacio convencional. Planteaban una doble losa de hormigón alabeada capaz de generar una serie de espacios cóncavos y convexos que se enlazarían en un recorrido fluido y natural, definiendo así las distintas funciones del programa.

Quizá algún lector se pregunte en este momento: "¿Y qué tiene este edificio de corporativo?". Bien, cuando en 2007 comenzaron las obras, la financiación de la construcción recayó en parte en el gobierno suizo, pero también en distintas compañías privadas como Logitech, Nestlé, Novartis y, sobre todo, el buque insignia de la industria relojera suiza: Rolex.

La jugada de la compañía relojera es magistral, porque no solo patrocina un edificio universitario donde, entre otras cosas, se aloja la biblioteca científica más grande del mundo, con más de 500.000 volúmenes, sino que su nombre se asocia a la mejor arquitectura contemporánea.

No hay más que ver los planos y las fotografías para comprobar que el edificio de SANAA apuesta por la innovación espacial y formal. Un paisaje artificial de 22.000 metros cuadrados y planta rectangular, pero conformado por un engranaje de ondulaciones y patios ameboides que permiten una discriminación eficaz de las funciones y las necesidades de soleamiento. (Lee esta pieza en el Economista)